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Baño termal con vistas monumentales

As Burgas de Ourense conjugan placer e historia

 

Tamara Novoa Alonso
Fotografía: Pío García

«Poalla» en Ourense… No para de llover. La temperatura está en torno a los quince grados, un día inusualmente frío para la estación en la que nos encontramos. La niebla densa difumina los tejados de las casas que rodean la vieja catedral. La humedad se atrinchera en los huesos y los paraguas son los protagonistas de la ciudad de piedra mojada. Aunque muchos optan por el calor del interior de sus hogares, no hay mayor placer que sumergirse en una piscina termal y dejar que la lluvia caiga sobre ti en pleno núcleo de la ciudad.

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Estamos en la piscina termal de las burgas aurienses, un complejo inaugurado en 2012 en pleno centro histórico de la ciudad. Además de la piscina, las instalaciones cuentan con seis mil metros de jardín que guardan varios restos romanos, entre los que destacan el hipocausto, un sistema de calefacción por debajo del suelo que servía para calentar las dependencias, o un ara votiva ofrendada a las ninfas.

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Todo esto acompañado por el centro de interpretación, un edificio compuesto por cinco salas expositivas que nos introducen de lleno en la historia termal de la ciudad. Aquí se nos explica que, a pesar de que ya en la prehistoria se hacía uso de estos manantiales, fueron los romanos los primeros en construir edificios termales para su disfrute. Normalmente estas construciones estaban estructuradas en ambientes con una secuencia gradual. Primero se encontraba el vestuario o apodyterum, después la sala de baños calientes o caldarium, a continuación un ambiente intermedio llamado tepidarium y por último la sala de baño frío, el frigidarium.

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La piscina o natatio se hallaba por lo general al aire libre. Alrededor de estas salas había otras estancias para los baños de vapor, unciones, masajes y depilación. Sin embargo, es importante señalar que desde el siglo I convivieron el uso lúdico y social y los baños con fines salutíferos y religiosos, pues no hay que olvidar que Ourense es una ciudad de peregrinaje. Aquí confluyen dos rutas, la de la plata y el camino portugués, y los peregrinos empleaban estas aguas para lavar las heridas y purificar el alma.

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Las históricas burgas de la ciudad ourensana forman parte de este complejo. De hecho la piscina recibe el agua de la burga del medio. La burga de arriba es la construcción más antigua, datada en la Edad Media, pero es sin embargo la burga de abajo la que recibe más atención. Diseñada en el siglo XIX por Trillo, fue construida siguiendo los cánones neoclásicos. De los caños de estas fuentes emanan más de trescientos litros de agua por minuto a una temperatura de 67 ºC. Llamativo es ver la cantidad de vecinos que se acercan hasta aquí para beber, sumergir las heridas o lavarse los dientes. Hasta aquí venían antaño las mujeres para escaldar los pollos, para desplumarlos más fácilmente, o los peleteros, que curtían las pieles en los pilones.

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El agua termal es agua de lluvia que se filtra por las grietas del terreno hasta profundidades de un kilómetro, y se calienta por tres motivos: el calor interno del planeta, la desintegración de los isótopos radioactivos del granito y el calor que generan las fracturas recientes. En el interior se cargan de energía que provoca el ascenso del agua hasta que encuentra una salida en la superficie. El proceso de calentamiento del agua lleva unos 28 años.
Un baño termal es una de las experiencias más gratificantes para cuerpo y mente. Si además lo acompañamos de unas vistas espectaculares sobre el casco histórico de Ourense, el placer es doble. Una oportunidad única de relajarse y acercarse al legado que los romanos dejaron en la ciudad del Miño.


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Comentarios ( 1 )

  • Moi boa reportaxe, a verdade é que estades facendo un traballo increible! Estades acercando Galicia a moitísima xente e dun xeito gráfico e cun textos estupendos. Noraboa polo traballo!