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Cabeza de Manzaneda, nubes de nieve

Ariel Martínez
Fotografía: Pío García

Cabeza de Manzaneda

Cuando las temperaturas bajan, solemos refugiarnos dentro de casa. Muchos optamos por sentarnos cerca de la calefacción con un libro entretenido como compañía y una taza de chocolate humeante para relajarnos los sentidos. Ciertamente es muy tentador y parece el mejor plan para esos días plateados, pero no hay razón para hibernar durante todo el invierno. Te propongo dejar lo que estés haciendo. Sácale provecho a ese gorro de lana, ponte botas y guantes y acompáñame. Te voy a llevar a probar nubes de nieve.

Cabeza de Manzaneda

En más de una ocasión te he asegurado que en Galicia solo hace falta abrir una puerta para dejar la rutina atrás y entrar en un ahora lleno de paz. Pues esta vez no va a ser menos. Hoy cruzamos esa frontera en la comarca de Trives, Ourense. Como bien sabes, en Galicia tenemos de todo y no podía faltar un lugar acolchado con nubes de nieve. La estación de esquí de Manzaneda se encuentra en el pico Cabeza de Manzaneda, que con 1781 m es el más más alto de la Sierra de Queixa. No sé si sientes lo mismo, pero yo, nada más divisar las cumbres cubiertas de nieve noto el cosquilleo de la aventura recorrer mi cuerpo.

Cabeza de Manzaneda
Cabeza de Manzaneda

Podrías pensar que el pueblo gallego no es muy aficionado a esto de los esquíes y que estamos más habituados a la nostalgia que inspira la lluvia, pero este es un lugar que transforma hasta al más comedido. Es suficiente con dejar que tus botas se posen sobre la nieve y que tus oídos perciban el mórbido sonido de cada paso para percibir esa transformación. Apuesto a que tu primer impulso es rodar por el suelo, dejar una huella de ángel, hacer un muñeco de nieve o prensar los copos hasta formar unas bolas y tirárselas a quien menos se lo espera. Te hace gracia la nariz roja de quien te rodea, te enternecen las mejillas sonrosadas de los niños y te ríes sin saber muy bien por qué. Pues te contaré el secreto: es el misterioso poder de la nieve. A esos copos cristalinos no les cuesta nada devolvernos a la niñez, llenarnos los pulmones de paz y el ánimo de vida.

Cabeza de Manzaneda

Podemos subir en telesilla o telesquí. No hay mejor manera de comenzar esta aventura que dejarnos envolver por este paisaje de belleza pura. Muchas veces lo más simple es lo que más poder curativo tiene. Viendo los pinares cubiertos de nieve, serenos y libres, nos damos cuenta de que no necesitamos demasiado para sentirnos felices. Podemos hasta olvidarnos de nosotros mismos y disfrutar de la sonrisa que nos provoca la naturaleza con su sencilla forma de ser.

Cabeza de Manzaneda
Cabeza de Manzaneda

Escojamos la pista que escojamos, bajemos haciendo acrobacias sobre el snowboard o descendamos elegantemente con los esquíes, la diversión está garantizada. Tenemos algo más de veinte kilómetros para disfrutar. No es mucho, pero te aseguro que es suficiente. Y ahora perdona si me retiro por un instante. Es tu momento. Empiezas a descender y ya solo sientes libertad. Lejos quedaron los límites. Ni te acuerdas de ellos. ¿Ves que las nubes no están en el cielo, sino bajo nuestros pies? Tal vez no sepamos cómo es volar, pero esto debe parecérsele mucho.

Cabeza de Manzaneda

Nos vemos abajo, donde todas las caras reflejan lo mismo, donde todos coincidimos en afirmar que nos preocupamos demasiado y disfrutamos muy poco. Pero por suerte tenemos a Galicia, que nos recuerda que aquí no existe puerta que no se pueda abrir ni sensación que no se pueda vivir.

Cabeza de Manzaneda

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