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Los castaños centenarios que parecen rozar las nubes de la fraga de Catasós cautivaron a Emilia Pardo Bazán, que ambientó aquí su obra por excelencia, Los pazos de Ulloa. Catasós está catalogado como parque protegido de Europa desde el año 2002 porque, a pesar de que no cuenta con una gran extensión, tiene una fauna y flora singulares.

Hay un lugar en Galicia en el que el tiempo parece haberse detenido. Llegas a él y los ojos se te llenan de luz. De color. De ese verde ancestral que te conecta con la misma tierra y que te hace desear ser árbol para echar raíces.

Galicia es tierra de bosques. Los bosques forman parte del ser más íntimo de los gallegos, de nuestro imaginario colectivo y de nuestras tradiciones, de las leyendas que pasan de generación en generación y de los ritos con que afrontamos cada etapa de la vida.

El hayedo permanece en silencio. Contiene la respiración. Solo el áspero canto de una urraca, indiferente a la expectación que le rodea, sacude la umbría. El resto es rumor de hojas tiernas, zumbido de insectos y bisbiseo de secretos antiguos…

Si hay un árbol que hunde sus raíces en los cuentos de nuestra infancia, ese es el haya. Y con razón, porque no hay bosques más fascinantes que los hayedos, que forman catedrales mágicas y sutiles iluminadas por vitrales de follaje fantástico…

Desde muy pequeña me fascinan las historias que entrelazan fantasía y realidad. Si nos paramos a pensarlo, a veces es muy difícil establecer la línea entre lo creíble y lo increíble. Lo que nos parece ficción, muchas veces existe. Si no, ¿cómo podríamos explicar tanta belleza concentrada en una ruta que nos transporta a paisajes que parecen salidos de...

De los bosques de Galicia siempre se ha dicho que son mágicos. Esa es la razón por la que todo tipo de seres fantásticos los elijen como hábitat. Se forjan aquí leyendas y mitos que conseguirán que se te ericen los pelos de la nuca nada más respirar su encanto y pasear por su silencio.