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No hay acuerdo sobre los límites de la Costa da Morte: de Fisterra a Cabo Roncudo, según unos; hasta Malpica, e incluso Arteixo, según otros. Sea como fuere, hablamos de una de las riberas más salvajes y genuinas del Atlántico europeo: decenas de kilómetros de ensenadas, playas y acantilados, de mitos y leyendas, de belleza y de tragedia.

Una de las mejores formas de apreciar la enorme belleza de la desembocadura del Miño, cercana a la localidad de A Guarda, al sur de la provincia de Pontevedra, es recorrer la zona a pie y con toda la calma del mundo. Solo así, sintiendo cada metro caminado, llegaremos a formarnos una idea de lo afortunados que somos...

A partir del siglo XV, España y Portugal, hasta entonces dos países vueltos hacia sí mismos, se lanzaron a la exploración y conquista del mundo. En 1492, Colón descubrió América para los europeos; seis años después, en 1498, Vasco de Gama llegó a la India tras rodear el continente africano.

Un paseo por la ribera del Arenteiro me lleva hasta al puente medieval de Ponterriza. Vengo aquí a buscar piedras: pulidas, talladas en forma de sillares, de columnas, capiteles… Viejas piedras que conforman uno de los legados más impresionantes del románico en Galicia. Pero, antes de nada, dejadme que os sitúe...

—Abuelo, no has cerrado el coche. —Estamos en Galicia. Esto es el monte Aloia, Sebas, no tu peligrosa ciudad. —La ciudad no es peligrosa —observó Sebastián mientras seguía a su abuelo a desgana por el camino terroso. Hacía una brisa agradable, que casi consiguió que se alegrara de haber accedido a acompañar a su abuelo al monte.

En el paraíso, también conocido como Rías Baixas, tenemos los mismos problemas que el resto de los humanos. Miedito cuando se aproxima el cumpleaños de tu padre. «¿Qué demonios le regalo?». Sí, ya lo sé, lo que cuenta es la intención. Pero enfréntate tú a mi padre cuando intenta sonreír y te suelta un «Qué bonito, hija» mientras piensa...

Desde aquí arriba contemplo el horizonte mientras atardece. No me imagino una forma mejor de poner un punto y seguido a este día que no sea mostrando los infinitos encantos de esta ciudad a mi compañero de viaje. Venir desde Barcelona, a más de mil kilómetros de distancia, ha merecido la pena. Incluso cuando ya no es mi primera...