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Córdoba, para ser infiel

Ariel Martínez
Fotografía: Pío García

Hoy he pensado en Córdoba. Así sin más. Bueno, no es del todo cierto. Confieso que ha sido por causa mayor.
Me encanta Galicia. Creo que no podría vivir en otro lugar. Esto es un paraíso. Aquí no nos falta de nada y somos expertos en sobrevivir en las circunstancias más adversas. Desde que empezó el año solo hemos visto el sol una vez, puede que dos. No nos importa.

Mezquita-catedral de Córdoba

«Me gusta así», me digo mientras agarro el paraguas con fuerza para evitar que el viento lo haga suyo. Un coche se siente atraído por un charco que acaba mudándose a mi ropa. Alguien tropieza conmigo y murmura un «no te he visto» desde debajo de su paraguas. Estornudo. Cierro el paraguas maltrecho y dejo que el viento me eche un pulso. Me giro y entonces la veo. No es más que una imagen, pero parece tan fuera de lugar que atrapa enseguida toda mi atención.

Córdoba

Un lugar color arena, que de inmediato me sacude el frío. Los arcos y las columnas que muestra la imagen están tan bien posicionados que parecen invitarme a dar un paseo entre ellos. «¿Conoces Córdoba?» reza el reclamo con unas letras que casi ofenden la composición. Espío hacia el interior del escaparate y una señora parece animarme a entrar con su sonrisa. Bueno, tal vez no me venga mal sentarme un rato mientras se me seca la ropa.

Alcázar de los Reyes Cristianos

Cuando entro en la agencia el cielo me lanza un trueno que esquivo solo por mi habilidad de cerrar la puerta de inmediato.
—No me diga más: Córdoba. —La señora asiente como si me viera esa ciudad escrita sobre la frente mojada.
Me siento con timidez frente a ella, mirando de reojo hacia fuera. Observo como Maite (es lo que dice un letrero prendido sobre su blusa) coge unos cuantos folletos de una estantería y los coloca sobre la mesa, como quien echa las cartas del tarot.

Córdoba

—Yo… solo es por mirar —le digo sin elevar demasiado la voz.
Ella cierra los ojos un segundo y asiente de nuevo.
—Claro. No se sienta culpable por lo que va a hacer.
La miro extrañado y la lluvia arremete contra el escaparate.

Plaza del Triunfo - Córdoba

—Supongo que no es necesario que le hable de la historia de esta ciudad milenaria. Ya sabe: al-Ándalus, Abderramán III, el Emirato, el Califato, la Reconquista con la toma de Granada… Pero, ¿sabía usted que Córdoba tiene el área urbana Patrimonio de la Humanidad más grande del mundo? Cada piedra, cada fuente, cada jardín lo devuelve a la Edad Media. Así. —Chasquea los dedos y me hace despertar de un sueño—. Cuando pasea por su mezquita puede sentir realmente el peso de su importancia. ¿Sabe cuántos fieles tenían cabida en ella? —Niego con la cabeza ante su pregunta—. ¡Más de veinte mil! Imagíneselo. Prácticamente el estadio de Balaídos al completo. Pero mire, mire. ¿Qué le parece que es eso de ahí? —Me acerca un folleto y señala una foto de un típico patio interior andaluz.

Córdoba

—¿Un típico patio interior andaluz? —aventuro.
—Mire bien. ¿Qué ve aquí y aquí? —Muestra varias imágenes que sin duda han sido tomadas por un fotógrafo amante de la ciudad.
—¡Es luz! ¡Es sol! ¡Vitamina D! ¡Calorcito! Bueno, en pleno verano superan fácilmente los 40 grados, ya no podemos hablar de simple calorcito.

Plaza de la Corredera - Córdoba

Sonrío ensimismado. Me imagino en pantalones cortos, chancletas y camiseta sentado en una de las plazas tomándome una Estrella Galicia. De inmediato me siento culpable y veo tras el escaparate cómo un rayo parte el cielo negro en dos. El trueno que lo sigue parece de muy mal humor.
—¿Sabe que el arcángel Rafael es el protector de Córdoba? —La miro confuso—. Hay diez estatuas repartidas por toda la ciudad. Se denominan Triunfos de San Rafael. Además es protector de los viajeros. ¿Se da cuenta?
—¿De qué? —pregunto, algo irritado, sin dejar de mirar de reojo las gotas de lluvia llamando al escaparate. Mi paraguas parece tiritar nervioso en el paragüero.
—Puede viajar sin ningún remordimiento. Todo está a su favor.

Puente Romano - Córdoba

Quiero asegurarle que no tengo remordimientos, que mi inquietud no se debe al hecho de que me esté incitando a ser infiel a mi Galicia ni al temor de ser arrastrado por una ciclogénesis explosiva hasta el río Miño.
—¿Alguna curiosidad más? —pregunto con cierto veneno en la voz.
Maite sonríe y abre los brazos.
—Tantas… ¿Conoce el estrecho vínculo entre Colón y Córdoba o el pasado romano de la ciudad? Le aseguro que es un lugar al que ir para perderse. Debería estar prohibido usar un mapa en sus callejuelas. Piénselo. Tenemos una oferta estupenda ahora mismo —concluye mientras recoge las cartas, digo, los folletos.

Arco del Triunfo - Córdoba

¿Habrá leído mi decisión en ellos?
Tanta lluvia me está afectando, pienso mientras vuelvo a salir a la calle. Echo un rápido vistazo al cartel de Córdoba y veo una sonrisa traviesa reflejada en el cristal del escaparate.
—Ay, mi querida Galicia, no te me pongas celosa —susurro mientras abro el paraguas y busco una canoa para llegar a casa.

Córdoba