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Costa Ártabra: playas, acantilados y leyendas

Ana Luna
Fotografía: Pío García

Sierra da Capelada

Costa Ártabra… Cuando escucho estas dos palabras pienso en acantilados, montes, playas y pueblos marineros, pero también en historia. Los romanos ya hablaban de un enclave conocido como el Magnus Portus Artabrorum, el gran puerto ártabro, en algún lugar entre las rías de Ares y Ortigueira. Y sí, estamos en el país de los ártabros, que, según la leyenda, eran gobernados por el mítico rey Breogán.

Sierra da Capelada

No puede haber un lugar mejor para una excursión con mi sobrino, del que puedo disfrutar pocas veces al año, y al que le apasionan las historias de otras épocas y las leyendas. No tendremos tiempo de visitar la costa entera, así que, como tenemos que visitar obligatoriamente San Andrés de Teixido (pronto entenderéis por qué), elijo el tramo que va de Cedeira a Ortegal.

Playa de Viarrube

Pero para un niño lo primero es lo primero: la playa. Antes de llegar a Cedeira, paramos en Vilarrube. Él se lo pasa en grande jugando en la arena y yo me relajo contemplando el paisaje de esta playa recogida, en la que casi no sopla el viento. Decidimos dar un paseo y nos quedamos alucinados con las dunas y la vegetación. Me cuesta un rato convencerlo de que nos marchemos de allí, pero aún nos queda mucho por ver hoy.

Cedeira
Cedeira

La pequeña villa marinera de Cedeira no nos decepciona. La ría es realmente bonita, y mi sobrino está encantado con las barcas de colores que flotan en ella y en el río Condomiñas. Paseamos a lo largo del pequeño río acompañados por las embarcaciones, las fachadas antiguas y los puentes. Antes de marcharnos damos una vuelta por el cuidado casco histórico.

Cedeira

Tengo ganas de ver un paisaje más salvaje. Ponemos rumbo a Punta Candieira, y la aventura empieza ya en la carretera, con unas curvas que hacen que mi sobrino se maree un poco, aunque por suerte no tardamos en llegar. Vale la pena. El mar y las rocas nos rodean, y el niño está tan impresionado como yo, porque no dice ni una palabra hasta que volvemos al coche.

Punta Candieira
Serra da Capelada

Mi sobrino no ha estado nunca en nuestro próximo destino, y todos en Galicia conocemos el dicho: «A San Andrés de Teixido, vai de morto quen non foi de vivo». Conduzco con cuidado por una carretera escarpada mientras le cuento una leyenda sobre este lugar. Se cuenta que Jesús encontró a san Andrés triste en su santuario porque nadie lo visitaba, y le prometió una romería que existiría para siempre, ya que el que no visitara el santuario de vivo, tendría que hacerlo después. Aunque nos cuesta, intentamos no distraernos demasiado con las vistas de la costa. Podríamos pisar algún insecto, caracol o lagartija, ya que se dice que los animales son las almas de los que no visitaron San Andrés en vida.

San Andres de Teixido
San Andres de Teixido

San Andrés de Teixido se encuentra en la sierra de A Capelada, que va de Cedeira al final de nuestro viaje, Ortegal. En esta zona de interés geológico, paramos varias veces para ver los acantilados y, lo que más le gusta a mi sobrino, los caballos y vacas que pastan a su aire.

san Andres de Teixido

Nuestro día juntos acaba en Ortegal, el segundo cabo más al norte de la península Ibérica después de Estaca de Bares. Desde el faro contemplamos los acantilados y los tres aguillóns, las afiladas rocas que surgen del mar y que me recuerdan a altísimos edificios. Como tantas veces en la costa gallega, siento que estamos en el fin del mundo. Nos invade esa extraña calma que ya sentimos en Punta Candieira.

Cabo Ortegal
Cabo Ortegal

En el camino de vuelta nos sorprende un precioso atardecer, sobre el que se recorta la forma de un cruceiro. Los dos estamos agotados, pero felices, y con muchas ganas de volver.

Sierra da Capelada

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