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Kayak en el cañón del Sil

Una forma de descubrir rincones únicos en A Ribeira Sacra

Tamara Novoa Alonso
Fotografía: Pío García

Kayak en el Cañón del Sil

Al introducir la pala en el agua solo escuchas el crujir de su salpicar. Aprovechas la ocasión para refrescarte y dejas que las gotas te mojen. Son tan solo las once de la mañana, pero el sol ya pega con fuerza en la Ribeira Sacra. Sin embargo, los vecinos de Doade nos aseguran que el de hoy no es ni por asomo el día más caluroso del año. Puede ser, pero aquí, en medio del caudaloso Sil, los rayos del sol se reflejan en el agua con potencia, creando de paso un hermoso juego de luces y sombras.

Kayak en el Cañón del Sil
Cañón del Sil

Al comienzo del descenso hay que repetir en voz alta la cantinela: «derecha, izquierda, derecha, izquierda», para que la remada de los dos ocupantes del kayak se sincronice. Poco a poco, al avanzar, la compenetración se hace más evidente y el instinto se apodera de nuestro ritmo y consigue que el kayak se mueva de forma armónica y continuada.
La zona del cañón del Sil es una de las mejores para practicar este deporte. El río discurre en calma, y al ir en esta pequeña embarcación podemos alcanzar lugares inaccesibles por otros medios. El curso en zigzag que fue construyendo el Sil a su paso se dibuja caprichoso. Las rocas rojizas que a uno y otro lado nos escoltan tienen formas de lo más singulares. Según avanzamos miramos hacia arriba boquiabiertos, pues solo conseguimos vislumbrar estos curiosos peñascos a medida que nos acercamos a ellos.

Kayak en el Cañón del Sil

Son las doce del mediodía y el calor se ha transformado ya en transpiración abundante. Es el momento ideal para disfrutar de un chapuzón. Al contrario de lo que podamos imaginar, la temperatura del agua en esta parte de la Ribeira Sacra es muy agradable, por lo que tirarnos directamente desde el kayak suena de lo más apetecible. La mejor zona para disfrutar de un baño relajado es en alguno de los meandros que el río dibuja a su paso. En el conocido como meandro de Cubela se ha formado una especie de playa en la que podemos pararnos a reponer fuerzas.

Rio Sil

Al continuar nuestro trayecto por esta sinuosa garganta, que en algunos puntos llega hasta los quinientos metros de profundidad, nos asombramos al ver los balcones construidos en las laderas de las montañas para el cultivo de la vid. Una inclinación de hasta el ochenta por ciento que los viticultores tienen que salvar para cuidar y recoger la uva, fruto que dará origen a uno de los caldos más venerados de Galicia.
El vino fue uno de los motivos que trajo hasta aquí a los monjes benedictinos en la Edad Media. Ya por entonces supieron sacarle buen rendimiento. La elaboración de vino no es el único legado que los eremitas dejaron a su paso, monasterios e iglesias salpican a uno y otro lado las riberas del Sil y del Miño. Sin duda tras nuestro viaje en kayak bien merece la pena ascender a lo alto de las montañas para visitar estas joyas arquitectónicas y pararnos en alguno de los muchos miradores que nos ofrecen una vista mucho más amplia de todo el escenario.

San Vicente de Pombeiro-Panton-Lugo

Aunque el verano es la fecha elegida por la mayoría de los turistas para acercarse a la Ribeira Sacra, es interesante visitarla a lo largo de las diferentes estaciones y observar la transformación que sufre el paisaje, que pasa de los verdes intensos a un juego de naranjas ocres y amarillos. Además, esta zona gallega se caracteriza por tener un microclima que se acerca más al Mediterráneo, razón que explica la extensión del cultivo del olivo.

Cañon del Sil