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A Fraga de San Xoán de Río. Ver para creer

Ana Patiño Salgueiro
Fotograía: Pío García

La Fraga de San Xoán de Río

Desde muy pequeña me fascinan las historias que entrelazan fantasía y realidad. Y, si nos paramos a pensarlo, a veces es muy difícil establecer la línea entre lo creíble y lo increíble. Porque lo que nos parece ficción muchas veces existe. Si no ¿cómo podríamos explicar tanta belleza concentrada en una ruta que nos transporta a paisajes que parecen salidos de un cuento? En A Fraga de San Xoán de Río, que contiene la naturaleza de una tierra todavía virgen tocada por el mito, la sensación de estar en una película de la Edad Media es casi tangible.

La Fraga de San Xoán de Río
La Fraga de San Xoán de Río

Yo, que he crecido con las historias del Rey Arturo, Lanzarote, Merlín y Morgana, no había conocido hasta ahora la existencia de una Excalibur en Galicia, una espada que muy probablemente esperaba ser encontrada por un rey noble y de buen corazón, digno de portarla. Sin embargo, su destino fue muy distinto y a pesar de pertenecer al final de la Edad de Bronce no fue hasta 1968 cuando se supo de ella. Saltó por los aires a consecuencia del uso de dinamita en “A Pastora”, en Mouruás. Y ahora se exhibe majestuosa en el Museo Arqueológico de Ourense.

La Fraga de San Xoán de Río

No fui consciente de estos datos hasta que, aprovechando un puente vacacional de otoño, mi amiga Silvia tuvo la genial idea de pasar unos días en A Pobra de Trives. Bromeábamos mucho con la idea de hacer este viaje con nuestras respectivas parejas. Era el lugar ideal para la desconexión del mundo cotidiano y la primera vez que hacíamos un plan de fin de semana los cuatro juntos. Recuerdo que llegamos un viernes por la noche y el sábado amanecimos con la idea de realizar el plan establecido. Sin embargo, nuestro día cambió cuando mientras desayunábamos café acompañado de una riquísima bica –dulce típico de la zona– la dueña de la casa nos habló de la ruta de A Fraga de San Xoán de Río, de su grandeza y de su leyenda, la de la espada de la que os hablaba antes.

La Fraga de San Xoán de Río
La Fraga de San Xoán de Río

Cogimos el coche nada más terminar el desayuno y nos trasladamos a Mouruás. Aunque es posible hacer un recorrido de ida y vuelta desde cualquier entrada al bosque de A Fraga: San Miguel, Domecelle, Rebolo y San Xoán do Río, escogimos este punto de partida. Allí, un cartel anunciaba la ruta de senderismo, que según nos había indicado Lola, se hacía en dos horas aproximadamente. Además, el letrero contenía la información relativa a la excursión que íbamos a iniciar. En la casa nos había enseñado fotografías del lugar en diferentes estaciones del año: en invierno, totalmente cubierto por la nieve; en flor, en primavera y también en otoño, la época del año en la que nos encontrábamos. Las hojas de los árboles lucían esos tonos marrones y anaranjados tan propios y de belleza inigualable. Yo iba a juego con la escena, ya que llevaba un abrigo tostado. Casi podía camuflarme.

La Fraga de San Xoán de Río

La riqueza de la zona es incuantificable por la variedad de tipos de bosque que uno se puede encontrar por el camino. Está el bosque de Ribera, los soutos de castaños y el melojar. Mientras hacíamos la ruta y a pesar de que el propósito era desconectar, entre otras cosas de la tecnología, íbamos buscando en Internet información para saber más. Parece ser que el bosque de Ribera, poblado de alisos, ejerce una función de “fijador” de los márgenes del río. Yo eso lo desconocía y me pareció interesante.

La Fraga de San Xoán de Río
La Fraga de San Xoán de Río

Los robles, abedules y otras especies autóctonas nos iban abriendo el paso a medida que íbamos disfrutando de aquel paseo, a lo largo del cual de vez en cuando parábamos a disfrutar de pequeños saltos y cascadas. Ya en la zona alta nos topamos con los preciosos “soutos”, de castaños centenarios. Aunque desde luego, la imagen del viaje fue la que pudimos hacer desde el mirador que coronaba el conjunto boscoso de “A Fraga”. Allí paramos a comer los bocatas que Lola había preparado para nosotros. Hacía frío, pero la sensación de bienestar y relax hacía que a veces lo obviásemos. Solo disfrutábamos el momento.

La Fraga de San Xoán de Río

Después de comer, continuamos por una pequeña cascada rodeada de vegetación para poner el broche final al trayecto en Fondo da Vila, en las proximidades de San Xoán de Río. Teníamos la posibilidad de volver por la carretera asfaltada a nuestro punto de salida para completar una ruta circular, pero decidimos hacerlo así y descansar tomando un chocolate caliente en uno de sus entrañables bares.

La Fraga de San Xoán de Río
La Fraga de San Xoán de Río

El viaje de camino al coche, que habíamos dejado en Mouruás, en taxi fue verdaderamente divertido. Recordamos el carácter único de A Fraga, comentamos anécdotas y el innegable poder cautivador de esas tierras para aquellos que han tenido el placer de visitarlas y no solo eso, también vivirlas. Por ello, fijamos fecha para volver el año siguiente en invierno cuando la nieve lo cubra todo.

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