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La procesión del Nazareno, camino de los resucitados

Amara Castro Cid
Fotografía: Pío García

La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal

El tercer domingo de septiembre, la vida cotidiana de la marinera Pobra do Caramiñal, en la costa Suroeste de A Coruña, se convierte en el bullicio propio de la llegada de miles de visitantes. Un acontecimiento religioso, festivo, y que podría parecer, quizás, algo macabro a ojos de un extraño, llena las calles de devotos y curiosos que se acercan a la procesión del Nazareno. Una vez más, nos encontramos en Galicia la vida y la muerte mirándose a los ojos. Junto a la imagen de Jesús, marchan varios ataúdes. Detrás de sus propios féretros, llevados por familiares o amigos, caminan aquellos que han empezado un nuevo capítulo en su libro de la vida. Son los ofrecidos, fieles agradecidos por haberse salvado de una situación tan próxima a la muerte que algunos de ellos se llaman a sí mismos “resucitados”.

La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal
La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal

Al compás de la banda de música, lágrimas de emoción y rostros solemnes acompañan al Nazareno en su recorrido. La mayoría de los asistentes acude portando cirios encendidos o exvotos de cera y algunos de ellos caminan descalzos. Los ofrecidos se visten con hábitos mortuorios de color morado, como la túnica del Nazareno. En el caso de los niños, simbolizando la pureza, la mortaja es blanca, al igual que el ataúd.

La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal

Cuando el cortejo llega a la zona de A Covecha, una traca de bombas en homenaje a las gentes del mar, pone el punto final a las promesas ya cumplidas. Se acaba la procesión y el sonido de las gaitas se cuela por las calles y jardines. En el puerto, las gentes disfrutan de las atracciones o se paran a reponer fuerzas en los puestos de comida con sabor a fiesta.

La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal
La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal

Desde el punto de vista de la antropología, lo que más nos impacta es el contraste de la procesión funeraria en el escenario de la fiesta y el hecho de que se celebre la vida estando la muerte tan presente. Nos encontramos ante una tradición que se manifiesta de forma muy similar en otras romerías gallegas como la de Santa Marta de Ribarteme, en As Neves, el Santo Cristo de Xende o los Milagros de Amil. Carmelo Lisón, en su libro De la estación del amor al diálogo con la muerte, se refiere a estas procesiones como “una alegoría de lo que somos y una metonimia de lo que pronto seremos”. La riqueza de la antropología gallega nos ofrece, así, una clara muestra de la naturalidad con la que nuestro pueblo se sigue manteniendo vinculado a la simbología de la muerte.

La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal
La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal

Según cuenta la leyenda, el origen de esta tradición se remonta a la segunda mitad del siglo XV. En vísperas de la procesión del Nazareno, cuatro salteadores de caminos que se habían desviado de la ruta jacobea, fueron apresados en la villa de Deán y el alcalde mayor los condenó a la pena capital. Entonces, el regidor cayó gravemente enfermo y mandó hacer su ataúd con la máxima urgencia. Encontrándose ya en su lecho de muerte, escuchó las campanas de la iglesia y se encomendó con fe al Nazareno. Al llegar el día de la fiesta se presentó ataviado con la mortaja pero gozando, milagrosamente, de buena salud. Ordenó a los cuatro bandidos que portasen su féretro vacío en la procesión y él caminó tras ellos. Al llegar al atrio, indultó a los condenados en señal de agradecimiento al Nazareno que le había salvado la vida.

La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal

Además de los relatos sobre curaciones que ha inspirado este Cristo “milagreiro”, existe alrededor de su imagen una historia curiosa y un tanto tétrica. Hace algo más de medio siglo, el párroco intentó cambiar la cabeza del Nazareno. Sin embargo, a pedido de los feligreses, intervino el arzobispo de Santiago, devolviéndole la original, que destaca por la expresión de dolor de su rostro. La cabeza de semblante más sereno acabó en las llamas del fuego purificador.

La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal
La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal

Y con el fuego ya apagado de las velas a medio consumir, vuelven a casa los resucitados. Cae la noche y la satisfacción de la promesa cumplida llena el alma de quien ha agradecido con fe al Nazareno la permanencia en el mundo de los vivos.

La procesión del Nazareno - A Pobra do Caramiñal

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