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Paseo por el Viveiro gremial y aristocrático

La Feria Renacentista recuerda el vínculo de la villa y Carlos V

 

Tamara Novoa Alonso
Fotografía: Pío García

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A Zapatería, a Bufilla, a Pilitaria, a Pescadería son los nombres de las calles del centro histórico de Viveiro. Y actúan como reminiscencia del pasado gremial de la ciudad. Herreros, zapateros, curtidores, animaban la ciudad del Landro que vivió en el medievo una de las épocas de mayor esplendor debido a la pujanza  de su puerto comercial, que la convirtió en un referente  del norte peninsular en donde continua teniendo una gran importancia.

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La ciudad se configuró en torno a una muralla medieval. Se accedía a ella a través de seis puertas y portillos de las que hoy en día solo se conservan tres. La muralla servía tanto de defensa ante los ataques enemigos como de aislamiento para evitar la propagación de pestes. Al recorrer las callejuelas estrechas del casco vello vivariense encontramos unas curiosas edificaciones, las llamadas casas del remo. Eran las construcciones populares de los pescadores, la cofradía de los mareantes imponían que sus casas debían tener el ancho de un remo. Estrechas callejuelas como la de muro o calexa das monxas son testigos de aquel entonces y al pasear por ellas nos transportan a otro tiempo. A Calexa das Monxas se llama en realidad calle de María Alas Pumariño en honor a la fundadora del Convento de las Concepcionistas que rodea esta calle empedrada que desemboca en A Porta do Valado. El Calexón de Muro está considerado una de las calles más estrechas de España con una anchura de metro y medio a dos metros. Es un estrecho pasadizo que formaba parte del adarve de la antigua muralla. Tiene dos tramos, y al final del segundo encontramos unas escaleras que nos dejan en el mercado de abastos.

Pero todo el casco histórico, considerado uno de los más importantes de Lugo, está salpicado por edificios palaciegos, pazos y casas blasonadas que construyeron las familias más adineradas de la ciudad. Y es que Viveiro es la cuna de linajes aristocráticos como los Vivero, Cervo, Pedrosa, Andrade o Pardo de Cela. Muestra de ello es la casa de los leones, que recibe el nombre por los leones que sujetan el escudo de la puerta principal. Se trata de un edificio de estilo tardo-renacentista que destaca por la elegancia y armonía de sus líneas.

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En el año 1540 un incendio destruyó gran parte de la muralla. Carlos I de España V de Alemania estaba en el poder en aquellos momentos y eximió a la villa de Viveiro del pago de impuestos por un periodo de tres años, de manera que la ciudad pudo hacer frente a las remodelaciones necesarias. Parte de la reconstrucción pasó por la edificación de A Porta de Carlos V sustituyendo a una anterior del siglo XIII. Como su nombre indica esta puerta fue levantada en honor al emperador. Se trata de una portada conmemorativa no propiamente defensiva como la anterior, por lo que se construyó con un mayor afán decorativo. La puerta esta formada por dos cuerpos, en el inferior se encuentran los escudos de Galicia y Viveiro a sendos lados del arco; y en el superior el escudo de armas imperial, y sobre él, el busto de Carlos V con cetro y corona. El conjunto lo culminan unos pináculos y unas almenas escultóricas que, al igual que el resto de los motivos esculpidos en la piedra se han ido borrando con el paso del tiempo.

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Esta parte de la historia de Viveiro se ha venido conmemorando en los últimos años bajo los festejos de la Feria Renacentista. En la que todos los vivarienses se visten de época y Carlos V desembarca con su séquito en la playa de Covas. En comitiva entran en el casco histórico de la ciudad por la puerta dedicada al monarca y se dirigen hasta la antigua casa consistorial en la Plaza Maior para leer el pregón de las fiestas desde el balcón e inaugurar los festejos. Las calles gremiales vuelven por unos días a ser ocupadas por el bullicio de los artesanos, como antaño.


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