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Por la Ribeira Sacra, tras la huella del románico

Amara Castro Cid
Fotografía: Pío García

Erbedeiro – Carballedo

Hoy me he puesto las botas de montaña, incansables compañeras de tantos kilómetros, y las he sacado a pasear por la Ribeira Sacra.
Con los ojos bien abiertos, para no perder detalle, me dispongo a comenzar mi ruta desde la iglesia de Santa Maria de Pesqueiras. Dicen que debe su nombre a un antiguo arte de pesca, las pesqueiras, muros de piedra levantados en la ribera del río para ayudar en la captura de la lamprea. Ubicada en medio de un frondoso bosque, cerca del embalse de Belesar, esta construcción románica fue, en tiempos, un antiguo priorato de monjas benedictinas. Por encontrarse alejada del núcleo de población y debido al difícil acceso, se cerró al culto en 1969, por lo que en la actualidad resulta difícil contemplar las pinturas murales del siglo XVI que alberga en su interior y que se ocultan tras la sencillez de la fachada. Representan escenas bíblicas, como la Anunciación, la resurrección de Cristo o el Juicio Final.

Santa Maria de Pesqueiras

Continúo mi itinerario disfrutando de un paisaje en el que se funden bosques y viñedos que van coloreando las escarpadas pendientes de un sinfín de tonos verdes. Voy en busca de la huella del románico, por lo que mi próxima parada es el monasterio de San Salvador de Asma, también conocido en la zona como «El Convento». Fundado como cenobio dúplice, se transformó más tarde, allá por el siglo XII, en monasterio de monjes benedictinos. La poderosa influencia de San Salvador de Asma en la zona se vio respaldada, a lo largo del tiempo, por numerosos privilegios, limosnas, pactos y donaciones, hasta que su esplendor fue decayendo paulatinamente.

San Salvador de Asma

De camino a mi próximo destino, la iglesia de Santa Maria de Camporramiro, me detengo en una pequeña tasca con la excusa de reponer fuerzas, que siempre es un buen pretexto para tomar un poco de empanada casera regada con un ribeiro que hace las delicias de cualquiera. Saboreo el vino en compañía de una pareja joven de turistas escoceses que se deshacen en elogios, empezando por el propio ribeiro y continuando por toda Galicia, gallegos incluidos.
El buen estado de conservación de la iglesia de Santa María de Camporramiro hace que destaque la pureza de sus líneas. Es tan admirable su fachada como su puerta lateral, ante la que me quedo algo abstraída durante un buen rato, dejándome seducir por esas formas del románico que me apasiona. Creo que me gusta porque me recuerda un poco a mí: bajito, regordecho, imperfecto… Pero, eso sí, tan sólido que ha resistido los peores temporales.

Santa Maria de Camporramiro

Antes de llegar a la iglesia de Santo Estevo de Chouzán oigo el inconfundible sonido de un regato. Ahí está, con un agua tan cristalina que no puedo evitar quitarme las botas y poner los pies en remojo durante unos minutos. Algo más adelante me recibe la imagen del santo desde su hornacina, situada en la fachada. Debido a la construcción del embalse de Os Peares, en la década de 1950, el conjunto se trasladó a un emplazamiento más alto y perdió algunas de sus características, como la planta de cruz. Contaba también con canales de agua que se utilizaban para el regadío, para favorecer el movimiento de los molinos e incluso para facilitar la pesca.

Santo Estevo de Chouzán

Me pongo a recorrer los últimos kilómetros sin prisas, disfrutando de cada tramo, y me tomo mi tiempo para recrearme con las vistas del mirador de A Grixoá, llevándome bien grabada en la retina la imagen de los meandros del Miño a su paso por la Ribeira Sacra.
Para terminar por hoy mi ruta del románico me dirijo a la cercana iglesia de San Xoan da Cova, de finales del siglo XII, que perteneció en su día a un convento de monjas benedictinas. La portada, con su arco abocinado de medio punto, luce orgullosa sus arquivoltas en una estructura que se repite en el lateral. También trasladada por la construcción del embalse, esta iglesia se encuentra en la actualidad en un entorno boscoso que merece la pena visitar.

San Xoan da Cova

Las piedras que me han mirado con curiosidad durante esta ruta han talbergado en su interior millares oraciones de las muchas generaciones de almas que han dejado aquí su esencia. Yo también he tenido un gran desafío para hoy, el de divulgar la grandeza que encierra este pequeño rincón del planeta al resto del mundo.

Miño

Comentarios ( 1 )

  • Helena Vilar

    Que linda reportagem, Amara! Enquanto ia lendo o texto (com pronúncia aportuguesada), tive a sensação de estar a ouvir-te. Beijinho e muitas saudades.