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Ruta de monjes y eremitas

MÁS QUE PAN Y VINO

 

Ariel Martínez
Dirección y fotografía: Pío García

La ruta de monjes y eremitas nos descubre tres de los numerosos monasterios que dormitan en las laderas del río Sil, en la que es conocida como Ribeira Sacra. No por  casualidad, aquí se concentra el mayor número de monasterios del mundo por kilómetro cuadrado. Los que buscaban una vida retirada del bullicio, los que apreciaban rodearse de entornos mágicos, tenían muy claro que se hallaban ante un paraíso terrenal. Las provincias de Ourense y Lugo se unen mediante el encuentro de los ríos Sil y Miño, creando este paraíso denominado Ribeira Sacra. Un topónimo de origen poco claro, aunque la versión más divulgada es la que hace referencia al origen latín Rivoira Sacrata, en alusión a sus numerosos templos religiosos. En este lugar podremos disfrutar del Cañón del Sil, que en algunos puntos alcanza un desnivel de 500 metros de profundidad. Sobre estas escarpadas laderas, los monjes comenzaron a cultivar la vid con tal éxito que hasta entre los romanos era apreciado el oro líquido del Sil.  Durante muchos años fue elaborado en exclusiva para los papas. Y así, siglo tras siglo, se ha ido forjando un sitio entre la cultura del vino que culmina con la D.O. Ribeira Sacra.

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Monasterio de San Pedro de Rocas
Está situado a escasos 20 km de la ciudad de Ourense, concretamente en el municipio de Esgos.  Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1923, es el ejemplo más antiguo de la vida ermitaña en Galicia. Según la lápida fundacional, conservada en el Museo Arqueológico Provincial, el primer asentamiento data del año 573, cuando el reino de Gallaecia estaba en manos de los suevos. Sin embargo, la lápida describe a los siete ascetas que eligieron esta zona para dedicarse a la oración como “los herederos”, lo que incita a pensar que este lugar ya se dedicaba al culto mucho antes. Lo más llamativo de la construcción es el que ha sido excavada en la misma roca. A pesar de los numerosos incendios que sufrió y de las sucesivas reconstrucciones, se ha logrado conservar su espíritu tosco y primitivo. Desde el campanario, situado sobre una roca a casi 20 metros de altura, se tienen unas vistas privilegiadas sobre tupidos  bosques.

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Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil
Este monasterio benedictino del municipio de Parada do Sil está situado entre las estribaciones montañosas de las tierras de Caldelas y el cañón del Sil. La primera mención a este conjunto románico data del siglo X, aunque lo cierto es que sus orígenes podrían ser anteriores. Su declive lo marca el hecho de pasar a ser priorato de San Estevo de Ribas en el siglo XV. No obstante, sigue conservando el encanto de tiempos pasados, que se refleja en la iglesia del siglo XII, con su rosetón, o en el claustro renacentista. Todo ello arropado por un paraje frondoso tan típico de Galicia.

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Monasterio de Santo Estevo de Ribas do Sil
Este es otro monasterio benedictino que ha hecho de la Ribeira Sacra su hogar. Concretamente, en el municipio Nogueira de Ramuín. Se considera uno de los ejemplos más hermosos del románico en Galicia. Al menos en su origen, ya que, como en la mayoría de los templos, los estilos arquitectónicos convergen en él inevitablemente. A pesar de que la leyenda otorga la fundación de este cenobio a san Martín Dumiense en el siglo VI, lo cierto es que la primera mención histórica del cenobio no se produce hasta el siglo X, cuando Ordoño II autoriza al abad a emprender obras de reconstrucción. Las nueve mitras del escudo del monasterio hacen referencia a una leyenda. Al parecer, el paraje placentero en el que se encuentra el cenobio atrajo en la Edad Media a nueve obispos. Una leyenda que le vino de perlas al monasterio, ya que ayudó a que se convirtiera en lugar de peregrinación y, consecuentemente, en fuente de ingresos y prestigio. El monasterio, cuya iglesia data de finales del siglo XII, se organiza alrededor de tres claustros bien conservados. El “claustro dos Bispos” es el más antiguo y consta de dos cuerpos, uno románico y el otro gótico. Los capiteles y las bóvedas de nervios son todo un ejemplo de trabajo minucioso y de buen gusto. Los otros claustros son de estilo renacentista. El “claustro de los cabaleiros” destaca por su cuidado césped, y el “claustro del viveiro” debe su nombre al hecho de que aquí se conservaban los víveres de los monjes. Había en él una fuente que ocupaba todo el patio, en la que se conservaban todo tipo de peces, desde salmones a lampreas, que se traían vivos de los ríos Sil y Miño. Este robusto e imponente conjunto fue y sigue siendo una alegría para quien busca un poco de paz y aislamiento, pues hoy en día es un parador.

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Con esta ruta hemos querido trasladaros a una época pasada en la que olvidar, siquiera por unas horas, la rutina diaria, para envolvernos en la historia de piedras milenarias y la tranquilidad del paraje de la Ribeira Sacra.

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