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Ruta por los molinos del río Xábrega

Agua dulce, el oro gallego

Tamara Novoa Alonso
Fotografía: Pío García

molinos del río Xábregas

El agua es sin duda uno de los tesoros más preciados de la comunidad gallega. Además de estar bañada por el océano Atlántico y el mar Cantábrico, Galicia es rica en caudales de agua dulce: ríos, arroyos, regatos, lagos, riachuelos, cascadas y embalses que llenan de verdor sus paisajes. Además, la tradición y las costumbres gallegas están ligadas desde tiempos ancestrales al aprovechamiento del agua. Los numerosos molinos que encontramos en la ribera de los ríos son un buen ejemplo de ello. Aunque la mayoría eran empleados para moler los cereales, otros se han utilizado también en la confección de tejidos.

molinos del río Xábrega

Muchos de esos molinos han llegado hasta nuestros días y, aunque la mayoría han caído en desuso, sirven de testigo de esta tradición que se conservó hasta hace bien poco. Unas décadas atrás los molinos eran usados a diario por nuestros predecesores y actuaban, además, como centro de reunión entre los vecinos. Estas construcciones en piedra que cuentan en su interior con un rodicio hacen mucho más atractivos nuestros paseos a la beira del río.

molinos del río Xábrega

En la parroquia de Anllo se encuentra el mayor legado etnológico de este tipo del ayuntamiento de Sober. Quizás esta zona es más famosa por formar parte de la Ribeira Sacra y por los escarpados cañones que el Sil dibuja a su paso. Aunque menos conocidos, los molinos de Chancís y el paraje en el que se encuentran son un buen ejemplo de esos paisajes mágicos que se esconden en el interior gallego.
A lo largo del río Xábrega se concentran veintiocho molinos en no más de tres kilómetros de recorrido. Recientemente, ocho de estos molinos han sido rehabilitados y se ha marcado un sendero que nos permite visitarlos. El tramo está comprendido entre la aldea de A Boca y la desembocadura del arroyo en el Sil, en una zona conocida como Os Chancí.

molinos del río Xábrega

Comenzaremos nuestra ruta de senderismo en el lugar de Pouso do Blanco, a quinientos metros de A Boca. El primer molino que nos vamos a encontrar es el de Roque do Arroxó. A continuación, caminaremos sobre el muro del caneiro, el canal de conducción del agua, para dirigirnos a los dos siguientes molinos. Nemesio da Boca, el más grande de ellos, cuenta con un habitáculo habilitado para el descanso del molinero.
Retomaremos nuestra ruta y atravesaremos el Xábragas por unos pasos de piedra y llegaremos a los molinos de O Chucán y O Couto. Al segundo se le acopló una plataforma para que se pueda observar el funcionamiento del rodicio. Esta zona es conocida con el sobrenombre de A Calzada, ya que por aquí pasaba una antigua vía romana de la que todavía se observan los restos.

molinos del río Xábrega

Del siguiente molino que nos encontraremos, Os Navás, solo se conservan los muros. Llegados a este punto el camino se bifurca en dos. Hemos de seguir por el sendero de la derecha, que atraviesa el río por un puente de piedra, para visitar el molino de O Conde do Camilo.
Poco a poco nos iremos introduciendo en una zona más poblada de vegetación. Rodeados por cerezos, fresnos, robles y castaños descubriremos el molino de Santomé de Arroxó, del que solo se conservan las paredes. El terreno se vuelve más abrupto y el Xábregas tendrá que salvar varios desniveles que provocan espectaculares rápidos y saltos de agua.
Volveremos a cruzar unas losas de piedra y encontraremos el ya mencionado molino de Nemesio da Boca, uno de los llamados molinos de volante porque en lugar de utilizar un rodicio horizontal estaba dotado de una rueda vertical similar a una noria.
Un poco más adelante se encuentran los dos últimos molinos de la ruta: el de O Pedras y el de Ramiro da Boca, de los que solo se conservan los muros.

Molinos del río Xábrega
Molinos del río Xábrega

Nuestro recorrido desemboca como el Xábrega en el Sil. Estamos en la zona de Os Chancís, donde se ha habilitado un área recreativa en el embalse de Santo Estevo en la que podremos relajarnos y descansar tras nuestro paseo. Además, en lo alto hay un mirador sobre los cañones del Sil y junto a él los restos de un poblado castreño. Se trata de uno de esos enclaves mágicos, que al irnos permanecerá en nuestra retina.

Molinos del río Xábrega