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Surcando As Rías Baixas como en el 32’

Navegamos con los Ultreia de Muros a Vigo

 

Tamara Novoa Alonso
Fotografía: Pío García

Hace algo más de ochenta años, una treintena de grumetes, bajo la batuta de Álvaro das Casas y algún otro intelectual como Xocas o Parga Pondal, singlaron los mares gallegos desde Muros hasta Vigo parando en varias localidades costeras. Una aventura inédita para aquella época que permitió a un grupo de jóvenes acercarse a la Galicia marinera. Una ruta que, si antaño parecía intrépida, hoy es mucho más accesible, pero que sigue encandilando a todo el que la recorre como encandiló en su momento a aquellos niños gallegos.

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La Asociación dos Ultreia nació en febrero de 1932 con el objetivo de que los jóvenes gallegos conociesen Galicia a través de actividades culturales y excursiones por la geografía gallega en las que, además de explorar el territorio, practicaran ejercicio físico para estar en buena forma. La asociación fue creada por Álvaro das Casas, que la fundó con su firma y la de cinco alumnos suyos de Noia, pero pronto se convirtió en todo un referente y llegó a contar con más de dos mil quinientos afiliados. Las aspiraciones de la asociación se vieron truncadas con el golpe de estado de 1936 y la posterior guerra civil. Sin embargo, la labor de Álvaro das Casas, que estaría acompañado por otros intelectuales como Filgueira Valverde, Xocas, Vicente Risco u Otero Pedrayo, pasó a la posteridad por la importancia que tuvo en la divulgación y recuperación de las costumbres gallegas y por el carácter apolítico de estas actividades.

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De las excursiones que organizaron la más relevante es la conocida como “Primera Xeira del Mar” una ruta por las Rías Baixas que salió de Muros el 1 de Julio de 1932 y remató en Vigo 14 días más tarde en el paquebote ‘Xaquín Pérez’. A bordo surcaban los mares 25 expedicionarios, la mayoría niños, y tres marineros. Gracias al diario de a bordo de Álvaro das Casas que fue publicado en el periódico ‘El Pueblo gallego’ tenemos un legado escrito de cómo se desarrollaron las actividades y de las anécdotas que fueron surgiendo. Su diario nos sirve hoy, como hoja de ruta.

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Antes de embarcar hicieron un pequeño recorrido por Muros y subieron a Monte Louro, desde donde disfrutaron de una panorámica inigualable de mares y tierra: se acercaron a la arquitectura románica visitando el convento de San Francisco y terminaron con un baño en la playa de Xixide. A las siete de la tarde zarparon hacia a Noia. Así describe Das Casas ese momento:
«Levamos anclas e izamos la bandera gallega. El gentío del muelle rompe en una ovación delirante: nosotros, apretados en la proa, cantamos el himno Ultreia con lágrimas en los ojos, y un placer infinito que nos llena el alma. Y hasta salir del resguardo del Louro, navegamos como por un lago de ensueño, luego… luego damos saltos como titiriteros. Pero aquí nadie se marea, nadie tiene miedo. Para distraernos emprendemos la grata faena de pelar patatas».

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En Noia los recibió Castelao con un discurso en el Liceo. Además, fueron río arriba en canoa por el Tambre y visitaron la central hidroeléctrica, para completar la jornada hicieron gimnasia en la playa de O Testal. De Noia se encaminaron a Ribeira, donde tuvieron los primeros incidentes con el motor, lo que provocó que se prolongase su estancia en la villa. Cuando al fin pudieron continuar la navegación pusieron rumbo a Rianxo. Este pueblo de la costa coruñesa le merece a Álvaro das Casas las siguientes palabras:
«Rianxo nos perdió de por vida. Estos pazos centenarios, estas blancas casitas marineras, esta iglesia preciosa evocada en cien naufragios, estas tabernas hermosas de olor a albariño y mariscada, esta ermita de San Bertomeu en el islote dispuesta como para un fondo de balada, irán siempre con nosotros».
La siguiente parada fue Vilagarcía y la isla de Arousa, donde fueron recibidos por un clamor de gente. En Cambados escribe el maestro «visita a la villa, vieja, ilustre, admirable, hermosísima».

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A su paso por O Grove se acercaron a la isla de A Toxa. Aquí descubrieron la fábrica de jabones de la mano de Carlos Solá, que les regaló unas pastillas de jabón. Disfrutaron de las arenas blancas de la playa de Silgar en la zona de Sanxenxo y Portonovo y a continuación se dirigieron a Pontevedra. Atracaron en el peirao de Corbaceiras y visitaron los museos de la ciudad del Lérez. En Marín dedicaron gran parte del tiempo a la Escuela Superior de Estudios Náuticos. El paso por Bueu fue algo tormentoso, ya que recibieron una multa por llevar izada la bandera gallega. Sin embargo, eso no influyó en su imagen sobre este pueblo de O Morrazo donde pasearon, descansaron y se acercaron a conocer la fábrica de Massó; aquí los obsequiaron con algunas conservas.

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También recorrieron las Islas Ons, escalaron hasta el faro y conversaron con los torreiros. Ons fue la última escala en la ría de Pontevedra. «Por fin conseguimos doblar Punta de Home, ponernos al aveiro de las Cíes y enfilar la ría de Vigo, para visitar Cangas», escribió en su diario el fundador de la asociación.
Aquí disfrutaron de la playa y fueron de excursión al campo, subieron a un alto desde el que tenían unas vistas privilegiadas de la ría. De Cangas pusieron rumbo a Vigo, que se convertiría en el último destino, abandonando así la idea de navegar hasta Baiona, como habían planeado inicialmente, a causa del temporal. En la ciudad olívica, donde los recibió un millar de personas a pesar de la lluvia, visitaron los periódicos Faro de Vigo y El Pueblo Gallego. Fueron acogidos por el Club Marítimo, donde pasaron su última noche y a los que se mostraron muy agradecidos.

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Finalizaron así el viaje, en el que en todo momento reinó el espíritu festivo a pesar de las averías, el temporal y la mareada. Así lo resume Das Casas:
«Ya puede llover y ventar cuanto quiera; ni las tempestades más dramáticas nos asustan. Nosotros contamos con la amistosa hospitalidad del Marítimo y estamos a salvo de todo».

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