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Hay caminos que hunden sus raíces en las brumas del tiempo. Senderos trazados por millones de pies, grabados en la tierra con esfuerzos y sudores milenarios. Hay caminos que siempre han estado ahí, como este que hoy vas a iniciar: la antigua Vía de la Plata, la Bal’latta musulmana, la vía empedrada que ya en tiempo de los romanos...

Dudas, cómo no. ¿Por dónde entrar en Galicia desde Portugal? ¿Por la costa, por el soberbio estuario del río Miño, el padre reconocido de todos los gallegos, allá en A Guarda, a la sombra imponente del castro de Trega? ¿Por Tui, la catedral fortaleza, la ciudad episcopal que resistió a los normandos y se hizo irmandiña?

Hay quien resopla cuando me ve girar hacia las islas Azores. Sé que nuestro viaje migratorio desde África al continente europeo es largo, pero no puedo evitar hacer un alto, un desvío más bien, y descender al archipiélago. ¿O acaso las aves no tenemos derecho a unas vacaciones? En cada visita, una isla. Hoy encamino mi vuelo a San...

Son las nueve de la mañana de un sábado perdido en un mes de abril. Un leve y armonioso canto de estornino me despierta mientras un rayo de sol se atreve a asomarse entre las verdes cortinas de mi cuarto. Abro las contras de la ventana y me asomo para saludar a la pareja de cigüeñas que juegan enamoradas...

Hay quien dice que el camino, el camino de verdad, es el que se hace en solitario. El que llena las horas con el runrún de los pensamientos. El que te permite vestir los días con la contemplación de un monumento, un paisaje. Sin prisas. Sin más urgencias que las que impone la naturaleza: comer, dormir, descansar. En soledad.

Hay un lugar en Galicia en el que el tiempo parece haberse detenido. Llegas a él y los ojos se te llenan de luz. De color. De ese verde ancestral que te conecta con la misma tierra y que te hace desear ser árbol para echar raíces.

Das un paso más. Solo uno más, pero no es uno cualquiera. El último de la intensa subida desde Villafranca del Bierzo, con la respiración agitada y los músculos de las piernas quejándose por el esfuerzo; el primero del camino francés en tierras gallegas. Un paso y te embarga esa poderosa sensación: aquí estás, en este nido de águilas...

Conduzco de vuelta desde el desierto de Merzouga. Es el tramo final de un largo viaje en el que Marruecos me ha sorprendido con sus paisajes, con sus gentes… Y sobre todo con sus colores. El ocre brillante de la arena del desierto, el marrón del adobe de las kasbahs, los tonos cobrizos de las cordilleras del Atlas… Pero...

A veces sueño que estoy tumbado sobre la hierba, al sol del verano, bajo las ramas de un castaño milenario. A veces sueño que la brisa me llena los oídos con el rumor de las hojas y el canto de los pájaros, y que la tierra palpita al ritmo de mi corazón. A veces veo ríos caudalosos y viñedos...