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No hay acuerdo sobre los límites de la Costa da Morte: de Fisterra a Cabo Roncudo, según unos; hasta Malpica, e incluso Arteixo, según otros. Sea como fuere, hablamos de una de las riberas más salvajes y genuinas del Atlántico europeo: decenas de kilómetros de ensenadas, playas y acantilados, de mitos y leyendas, de belleza y de tragedia.

Además de por su puerta ojival, su torre de campanario y sus imágenes de piedra; el templo de estilo gótico marinero es conocido por su ubicación estratégica. Hace unos siglos, el atrio sirvió a los de Laxe como atalaya, vigilando la llegada a puerto de barcos desconocidos. Los rezos de sus habitantes convivían con imponentes cañones defensivos.

La playa de Laxe, un arenal urbano de aguas tranquilas, cuenta con una longitud de casi dos kilómetros. Además, goza de un estupendo paseo marítimo para el que prefiera ser caminante a bañista. Posee el distintivo de Bandera Azul.

El arenal de Arou se encuentra en un entorno urbano aunque relajado. Desde la playa se contemplan las Illas Lobeiras, famosas por su percebe. Está situada en la parroquia camariñana de Camelle y bordeada por un fantástico paseo en el que se respira autenticidad marinera.

Posee casi tres kilómetros de longitud, es agreste y está marcada por una famosa leyenda: Se dice que debajo de la laguna de agua dulce que acompaña a este complejo dunar se esconde la ciudad de Valverde, que habría sido soterrada por el apóstol Santiago ante cierta falta de fe cristiana por parte de los vecinos.