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—Abuelo, no has cerrado el coche. —Estamos en Galicia. Esto es el monte Aloia, Sebas, no tu peligrosa ciudad. —La ciudad no es peligrosa —observó Sebastián mientras seguía a su abuelo a desgana por el camino terroso. Hacía una brisa agradable, que casi consiguió que se alegrara de haber accedido a acompañar a su abuelo al monte.

En el paraíso, también conocido como Rías Baixas, tenemos los mismos problemas que el resto de los humanos. Miedito cuando se aproxima el cumpleaños de tu padre. «¿Qué demonios le regalo?». Sí, ya lo sé, lo que cuenta es la intención. Pero enfréntate tú a mi padre cuando intenta sonreír y te suelta un «Qué bonito, hija» mientras piensa...