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La tele estaba encendida, pero yo no le prestaba atención. Andaba ausente, absorta en mis pensamientos, como era habitual últimamente. Eso sí, recuerdo que estaban emitiendo un reportaje sobre el archipiélago menos conocido del Parque Nacional das Illas Atlánticas, Ons.

Dudas, cómo no. ¿Por dónde entrar en Galicia desde Portugal? ¿Por la costa, por el soberbio estuario del río Miño, el padre reconocido de todos los gallegos, allá en A Guarda, a la sombra imponente del castro de Trega? ¿Por Tui, la catedral fortaleza, la ciudad episcopal que resistió a los normandos y se hizo irmandiña?

No hay acuerdo sobre los límites de la Costa da Morte: de Fisterra a Cabo Roncudo, según unos; hasta Malpica, e incluso Arteixo, según otros. Sea como fuere, hablamos de una de las riberas más salvajes y genuinas del Atlántico europeo: decenas de kilómetros de ensenadas, playas y acantilados, de mitos y leyendas, de belleza y de tragedia.

Una de las mejores formas de apreciar la enorme belleza de la desembocadura del Miño, cercana a la localidad de A Guarda, al sur de la provincia de Pontevedra, es recorrer la zona a pie y con toda la calma del mundo. Solo así, sintiendo cada metro caminado, llegaremos a formarnos una idea de lo afortunados que somos...

Conocida playa para la práctica de deportes náuticos. La Praia de Patos se encuentra en la Enseada de Carreira, en el municipio de Nigrán. Tiene una longitud de casi dos kilómetros y su grado de ocupación es alto.

La playa de Laxe, un arenal urbano de aguas tranquilas, cuenta con una longitud de casi dos kilómetros. Además, goza de un estupendo paseo marítimo para el que prefiera ser caminante a bañista. Posee el distintivo de Bandera Azul.