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Hay quien dice que el camino, el camino de verdad, es el que se hace en solitario. El que llena las horas con el runrún de los pensamientos. El que te permite vestir los días con la contemplación de un monumento, un paisaje. Sin prisas. Sin más urgencias que las que impone la naturaleza: comer, dormir, descansar. En soledad.

Con la sensación de que la vista nos alcanza hasta el infinito, empezamos la ruta de hoy en el mirador de Cividade, en el corazón del Sil, sintiéndonos en plena explosión de la naturaleza, donde el río gana cada día su lucha milenaria por abrirse paso entre la piedra.